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INDIGESTIÓN HISTÓRICA

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INDIGESTIÓN HISTÓRICA”:  En mi próximo libro, la Historia es uno de los personajes principales, pero no un personaje de paja y cartón, sino uno de esos personajes que condiciona a Dios, al Diablo, y lamentándose mira al hombre agotado. Me pregunto: ¿estamos viviendo un momento histórico?, yo creo que no, ya que para que fuese histórico este momento debería ser consciente de su predecesor, y debería estar dispuesto a dejar su espacio para el que venga, ¡Oh! Espero que no se esté retorciendo Anaximandro en la lejanía de esta vuelta atrás. Por donde quiera que mire, me encuentro una sensación extendida en el sentir de todos los aquí presente, actuamos de tal manera como si nuestro momento es el final de la Historia y al mismo la punta de lanza que abre el camino para lo que tenga que venir, la sensación de culminar un proceso, y por ello sentir que tenemos el derecho de elegir como queramos, ya que esto no ha ocurrido antes, y si ha ocurrido no fue bajo las mismas circunstancias. Pero, ¡ahhh terrible entuerto!, ¿estamos queriendo decir que existe un curso racional de los acontecimientos, y como resultado de esa lógica nos encontramos en esta situación?, es decir hemos llegado a tener que confinarnos porque, “hemos vivido castigando a la Naturaleza”, porque “hemos dejado que existan recortes en la sanidad”, porque “después de la segunda guerra mundial hemos permitido que los partidos se introduzcan en el estado”, “porque alguien tomó una sopa de murciélago”, o “porque la ciencia avanza y ahora necesita el 5G”?. Creo que no hace falta que siga poniendo ejemplos que se pueden encontrar por doquier, en esta sopa de pocos fideos y mucho caldo que es internet. Es decir, estamos considerando un punto de vista evolucionista, materialista, lineal, con un origen y un fin, … ¡ahhh!! ¡Qué será de nosotros!, ¡quién nos va a curar este empacho!, ¡esta dispepsia de conglomerado de Historia!, ¡esta indigestión pesada de Alejandro Magno, Bismarck, la gripe española, Nicolás I, la babilonia londinense, las grandes guerras y el gol de Iniesta!, podría decir la vida trágica pero hoy ya no creo en ella, ¡Qué tontería digo!, claro que creo en ella, en quien no creo es en quien no la sabe vivir. El hombre hoy en día mira atrás y ve los momentos históricos del pasado, como un carnaval donde cada vez que se asoma a uno de ellos se pone el disfraz “a ver qué tal le queda”, se pone la máscara y se mira en el espejo, se lo ajusta, coquetea con la sensación de sentirse Napoleón, de ser Churchill, de ser un soldado en el Somme, o un médico egipcio de la corte de Ramses II, o sino de qué iban a seguir haciendo películas de la segunda guerra mundial, donde la mayoría de los espectadores se preguntan qué hubiesen hecho en ese momento. Ahora tienen la oportunidad de dirigir su película, ahora pueden ser quienes cuando pasen algunas generaciones alguien pueda coger su traje, y vestir sus zapatos, y soñar, y soñar y soñar … y ponerse el disfraz de cualquiera de nosotros sin entender nada de lo que ocurre en este momento, sin entender el cómo se ha llegado aquí, sin entender el sentir nihilista con el que se viven estos días. Ellos asistirán a la fiesta de la pandemia, como nosotros asistimos a la fiesta de las guerras, de los sitios, de los ríos envenenados. Asistimos a la Historia como quien asiste un concierto de un artista que desconocía su existencia, no sabe nada de cada canción, escucha la primera: “Ah, pues me gusta, es divertida”, la segunda: “Ah, qué emocionante, me la quedo”, la tercera: “No me ha gustado”, y así van pasando las canciones, el concierto finaliza, la persona se va a su casa, busca al artista en la plataforma de música pertinente, y utilizará sus canciones para hacer ejercicio, para leer o para conducir … se las viste. Me pregunto: ¿sabe algo de esas canciones?, ¿sabe cómo el artista ha llegado a ella?, ¿La circunstancia que la envuelve?, ¿los llantos que ha supuesto concebirla?, NO, simplemente las hace suya, las viste en su personal fiesta de disfraces. Entonces, qué terrible final, solo seremos marionetas, malinterpretadas, mancilladas por los que puedan venir … ¡qué terrible final!, no, no, no tan deprisa. El hombre quiere escapar indemne de este cruce de caminos, de esta fotografía eterna, de esta escultura de cuerpo y alma. El hombre tiene una enojosa y cargante responsabilidad con lo que está por venir, con aquellos que quieran ponerse su disfraz, con aquellos que asistirán a su concierto para hacer suyas sus canciones. El hombre se divide, se parte, se fragmenta, se secciona, lo hace el mismo para sí mismo, para poder seguir siendo pobre de espíritu: por un lado se encuentra el instinto de conservación, la búsqueda del placer e incluso la religión, todos ellos ordenan y mandan, quieren su parte como lugartenientes, quieren que el hombre obedezca sin rechistar, a cambio, a cambio le dirán qué está bien y qué está mal, quien es malvado y quien es bondadoso, a quien hay que criticar desde el balcón porque rompe las reglas de confinamiento, y quien es bueno porque lucha en primera línea, quien es deleznable por tal o cual acto, y quien es virtuoso por tal o cual palabra. Pero por otro lado se encuentra el hombre dentro del colectivo, la masa como la suma de individuos, lo que quien aquí firma llama “el hombre”, y dentro de este colectivo aceptan muchas normas morales, ninguno se pregunta la procedencia, se aceptan sin preguntar, sin hacer ademán de someterlas a juicio, muchas de estas normas son herencias de otros tiempos, donde tenían su utilidad, dando de bruces con el origen de la moral: el utilitarismo, el cual viene dado por nuestros otros compañeros del otro lado: el instinto de conservación, la búsqueda del placer o la religión, pero que nadie actualmente se planean su utilidad, se aceptan por vanidad, por benevolencia, por respeto a los tiempos pretéritos, o por la más nauseabunda ignorancia olvidando que las normas morales no son más que recomendaciones que buscan un destino. Por tanto, cuando hoy en día aceptamos nuevas condiciones de convivencia que van en contra de nuestra condición humana, ya bien sea tener una aplicación informática que indique donde nos encontramos, el uso obligatorio de una mascarilla, la no reunión, la no manifestación, la no cultura, etc. Podrán tener una utilidad inmediata por nuestra circunstancia, pero no olvidemos nunca la responsabilidad que cargamos en nuestros hombros, una pesada desagradable y persistente losa que será quien nos juzgue cuando los que están por venir se vistan con nuestro disfraz.

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Fernando Girón

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“Fernando Girón es un músico en alguna medida dentro de su cabeza. Esta disciplina convive con la inquietud de tantas cosas que acaba siendo el Krakatoa antes de su erupción. Un día se puede levantar queriendo escribir una obra de teatro, y después de comer pretende regrabar el disco “Meet the Rhythmn section” de Art Pepper.

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