Solo veo esperpentos

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Solo veo esperpentos”: Solo veo esperpentos que se retratan a sí mismos, con la mayor pretensión de afirmarse como espantajo, de ropa vistosa, escenario doméstico y fundamentos en ruinas. ¡Qué tontería! Si hubiese algún pilar de fundamento donde sustentar algún pensamiento, algún atisbo de reflexión aunque sea divina esto no estaría ocurriendo. El hombre está satisfecho con el confinamiento, con la ira de los dioses que nos mandan epidemias y maltratos por nuestros pecados, todo está ocurriendo como cada pasea perros de peluches o cobardes chivatos de ventana hubiesen ideado en la caverna mientras veían sombras pasar. La oscuridad que siempre ha albergado arañas venenosas, lombrices de escaparate y malformaciones de falsos ideales, hoy salen más que nunca a la superficie, y se pueden ver reflejados en ese negro abismo donde nos precipitamos. Que, ¿hacia dónde vamos?, donde fuimos siempre, y donde siempre quisimos ir, a las dictaduras, a los totalitarismos, a la ruptura de Europa, a la España precaria, desierta y sin Lazarillo, símbolo de un servicio de turismo disgregado en comunidades independientes pero no independizadas, que aprovecharán la oportunidad para ser lo que siempre quisieron: independizadas pero no independientes. Nunca pierdan de vista al eterno retorno de lo igual. Siempre lo ha querido el hombre “excelente” que atiende a cualquier grito de respeto, del “porque yo lo valgo”, de solidaridad, comprensión y misericordia por los más débiles, cuando el débil es él, en todas sus caras y pendientes, en todos sus vestidos, y ¿por qué? ¿Por qué lo ha querido?, porque en caso contrario estaría obligado en profundizar en las condiciones culturales de su origen, y ¡por Dios!, lo que sea menos eso, no sea que se dé cuenta que se ha convertido en un esperpento, que es la risa nerviosa de vergüenza, es la mano en la cara, es la ignominia, es el deshonor, es el encogimiento de mirar para otro lado de los grandes hombres de la Historia, buenos o malos, mirando a lo que se ha convertido el hombre de hoy en día, más cercano a una estantigua desgarbada que causa pena y aversión a quien lo ve desde el otro lado. El hombre sigue nadando como renacuajo con memoria en una charca diminuta, sin profundidad alguna donde se agota ya que recuerda cada uno de sus vértices y necesita soñar con otro lugar. Es el mismo hombre que cree, que quiere creer, y nunca se planteará el por qué cree. Cree en Dios, cree en la madre tierra, cree en la ciencia, cree en su madre meditarranea recoleptora y manipuladora, cree en el WIFI, cree en el sistema, cree en su estupidez, cree en los medios … necesita creer, necesita creer que los casos de contagios son los que le dicen los medios, cuando la misma ciencia le engaña ya que no sabe cuántos casos existen reales, ya que o porque no tiene medios o porque se debe a su dueño, no tiene exactitud. Ohh ¡la exactitud!, vieja y podrida señora que impone su fusta en el procedimiento científico y que hoy está secuestrada, amordazada no sea que se desvele las costuras de este remedio, pero el hombre quiere saber el dato, quiere saber cuántos son los contagiados y cuántos los que descansan en el campo santo – un lugar de encuentro y acercamiento-, para poder decir “Lagarto, Lagarto menos mal que no he sido yo”, y si contabilizasen todos los casos reales con exactitud y se hiciese el porcentaje en referencia de bajas, ¿qué dato obtendríamos?, ¡No!, queremos vivir este presente que hemos elegido. Ahh pero ¿cómo hemos llegado a este cruce de caminos donde nos esperaba el demonio?, a mí no me pregunten, el hombre decidió los números frente a los nombres, pues señores apliquemos los números. ¡Claro! Porque si hubieses elegido vivir en los pronombres, esto no ocurriría, ¿por qué?, porque el hombre no tendría miedo. Si el hombre hubiese querido saber cada uno de los nombres de los que han caído, hubiese querido conocer sus vidas, esos espíritus estarían vivos, pero ¿cuál es la mejor manera de matar al alma, de matar a la esencia de una persona?, entierra entre número, entre cifras, entre datos y porcentajes mentirosos de estadísticas vendidas a intereses. Me pregunto qué le diría Salinas a Juan Ramón si no estuviesen viendo desde allí. ¿A intereses de malignos?, a intereses del propio hombre que se queja, que dice sufrir esta “guerra”, que dice luchar contra viento y marea, aplaude cada día a las 8 por aquellos que lo salvan. Me pregunto qué dirán cada uno de los que cayeron en los 900 días de Leningrado, ¿los estás viendo?, o ¿los hemos enterrados entre cifras y libros de textos rancios y métodos de enseñanza vestidos de digital pero que huele a alcanfor?. El hombre quiere Pan, miedo y misterio: Dame pan, dame una ayuda para cuando esto vuelva a normalidad, como si alguna vez volviese. Misterio, pero ¿fue un murciélago?, ¿fue China?, ¿fue USA?, ¿fue 5G?. Miedo: “por favor, no me dejes de dar pan”, “no me quiero morir”… ese miedo que tan bien describe el Gran Inquisidor cuando habla con Jesús. Me pregunto qué diría Dostoyesky si nos viese del otro lado, y aplicase la psique. El hombre exige responsabilidad al espectro del de enfrente, le pide que se comporte bajo la obediencia sumisa y cauta que se le espera de él, donde se convierte el dedo acusador en una divinidad exenta de todo mal. Pero ¿ha existido un solo hombre bueno en este mundo, en la toda la Historia?. Pero sin confinamiento no hay divinidad, sin miedo tampoco, sin virus tampoco, sin Trump tampoco … Me pregunto qué diría Kropotkin si nos viese, si pudiese comentar con Brahmns, con Rimbaud o con Pushkin sobre esa responsabilidad de chivato mentiroso. El hombre necesita saber que el motor de inferencia donde se encuentra sostenido es la humanidad, y que las decisiones que se toman en una situación como esta es por el bien y la salud de todos. Y yo me pregunto qué diría Hegel a Camus cuando nos viesen desde aquel lado, aplicando el materialismo donde se sustenta el mismo hombre de hoy en día. El hombre necesita el sujeto variable de la historia, hoy son las mujeres, ayer fueron los obreros, y mañana serán los perros, mediante los cuales legislar. ¡Ah! ¡No se te olviden los niños!, que también tienen derecho a salir a pasear. Me pregunto qué diría Clara Schumann a Baudelaire más allá de sus novias feas y tuertas, si nos estuviesen viendo fuera de la caverna. Solo veo esperpentos en pantallas de boleros, de un “sálvese quien pueda” donde el pasado no existe. No me estoy asentando, ni mostrando, ni coqueteando con una puesta de largo de mantilla, tirantes y pelo engominado hacia atrás, sino que a quien yo me debo ya murieron y me miran desde el más allá.  

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Fernando Girón

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“Fernando Girón es un músico en alguna medida dentro de su cabeza. Esta disciplina convive con la inquietud de tantas cosas que acaba siendo el Krakatoa antes de su erupción. Un día se puede levantar queriendo escribir una obra de teatro, y después de comer pretende regrabar el disco “Meet the Rhythmn section” de Art Pepper.